“/…Sucede, además, que los ancianos son considerados como un peso, mientras que los jóvenes no ven ante sí perspectivas seguras para su vida. Ancianos y jóvenes, por el contrario, son la esperanza de la humanidad. Los primeros aportan la sabiduría de la experiencia; los segundos nos abren al futuro, evitando que nos encerremos en nosotros mismos (5). Es sabio no marginar a los ancianos en la vida social para mantener viva la memoria de un pueblo. Análogamente, es bueno invertir en los jóvenes, con iniciativas adecuadas que les ayuden a encontrar trabajo y a fundar un hogar. ¡No hay que apagar su entusiasmo! Conservo viva en mi mente la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. ¡Cuántos jóvenes contentos pude encontrar!….” la nota completa en:

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